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Una efeméride. Una canción. Y la historia que las conecta. Cada día. Desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre.
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THERE WON’T BE MANY COMING HOME
Roy Orbison

Nace el director de cine Quentin Tarantino (1963)

La música es uno de los elementos clave de toda la filmografía de Quentin Tarantino. Desde que comenzó a dirigir a principios de los noventa, sus trabajos han sido siempre aclamados por este aspecto, especialmente por su capacidad de incluir diferentes géneros que se acoplan a la perfección a la trama. En sus películas suele combinar las bandas sonoras originales con la recuperación de temas clásicos de la historia de la música, con una predilección por las producciones de los años sesenta. En The Hateful Eight (‘Los odiosos ocho’) el director de Tennessee optó por encargar gran parte de la música a Ennio Morricone, que ganó el premio a la mejor banda sonora para este trabajo en la edición de los Oscar de 2016.

Pero a parte de las piezas que el compositor italiano creó especialmente para el film, Tarantino eligió tres canciones de su repertorio de temas preferidos. Uno de ellos fue ‘There Won’t Be Many Coming Home’, un tema que Roy Orbison escribió para ‘The Fastest Guitar Alive’, un western musical estrenado en 1967 y donde ha quedado registrada la única participación de este músico en el cine. La historia, al igual que The Hateful Eight está ambientada en el final de la guerra civil norteamericana y quizás por eso el director pensó que era una buena oportunidad para homenajear Orbison, con este tema que el músico escribió meses después de perder su mujer en un accidente de moto. La recuperación de ‘There Will not Be Many Coming Home’ en la película de Tarantino casi cuarenta años más tarde supuso el descubrimiento del Caruso del Rock a las generaciones del siglo XXI.

La guitarra de Orbison sin embargo no es la única protagonista de The Hateful Eight. Hay otra integrada dentro del guión, que tiene una presencia destacada en el film y que, de forma accidental, ha acaba pasando a la historia. En una de las escenas, el guión indicaba que el personaje que interpreta Kurt Russell tenía que coger la guitarra que tocaba la prisionera a quien da vida Jennifer Jason Leigh y destrozarla a golpes contra una pared. Por ello, el equipo de producción se encargó de hablar con Martin Guitar para pedirles un modelo de 1870, así como hasta 6 réplicas para usarlas en el momento en que el actor la golpea hasta hacerla añicos. Pero por un problema de comunicación, a Russell no le llegó la información de que el instrumento que utilizaban en la escena en la que estaban trabajando era el instrumento original y, en un arrebato de inspiración artística, la rompió en plena grabación. La reacción de Leigh, que debía estar al tanto que la que ella tocaba era la guitarra auténtica, no puede ser más real, ni la respuesta de los responsables del museo Martin Guitar más sorprendente. Y es que, lejos de demandarles, les pidieron que les enviaran los pedazos del instrumento con el fin de poderlos exponer explicando el accidente.

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